Saint-Rémy, primera mitad de mayo de 1890

Mi querido hermano,
en primer lugar, me rehuso en absoluto a aceptar lo que me dices, que me acompañen durante todo el viaje. Una vez en el tren no hay ningún riesgo […] y de cualquier manera en cada estación ¿no es cierto que saben qué hacer en esos casos? Te estás preocupando demasiado y  me da mucha pena, lo que me desanima por completo.
El ambiente acá empieza a pesarme más de lo que pueda decirte – doy fe que tuve paciencia durante más de un año- necesito aire, me siento arruinado por el aburrimiento y el dolor. Y después el trabajo urge, acá perdería tiempo.
Pero me atrevo a esperar que mi conducta no molestará. Tengo tanto dolor por tener que partir así que este será más fuerte que la locura: por lo tanto me atrevo a creer que mantendré la conducta necesaria.
Mientras tanto hay una probabilidad real de que el cambio me haga bien. He hecho dos telas de la hierba fresca en el parque, de las cuales hay una de una simplicidad extrema.
Un tronco de pino violeta rosa y después la hierba con flores blancas y cardillos, un pequeño rosal y otros troncos de árboles en el fondo más alto de la tela. Yo estaré allá afuera – estoy seguro de que el anhelo de trabajar me devorará y me dejará insensible a todo lo demás y de buen humor.